EL RUIDO EN LOS OJOS

Siempre hay un mas allá en la mirada perdida de Catherine Deneuve, (en "Belle de Jour"*, por ejemplo); una mirada vacía y lejana, si nos aproximamos, que despersonaliza a quien pudiera sostenérsela: todos nosotros frente a la pantalla, individuos mínimos. Pero ella esta mirando mucho mas lejos a través de nosotros, hacia otro lugar fuera de la pertenencia y la conquista narcisista.
Ahora, tratemos de instalarnos en ese lugar de misterio, un poco mas allá o un poco mas acá sin preocupación, sin direccionalidad constructiva, como en un sueño. El sonido es un fantasma, lo real son las paredes y el techo. No. ¿No?. ¿Quién toca la primer nota?.
El ruido nos invade, ya no paredes ni techo ni futuro.

Los ojos ensordecen, cultura visual pampeana...

La forma se diluye, el discurso resuena en otro lado, llego tarde, pero estamos aquí, de buen humor, con Alcides.

Pareciera escuchar voces, de Buñuel, el sordo:

"Ud. Para el lado bueno y yo para el lado malo, ninguno de los dos servimos para nada"(...)*.

Hay en "El" *, una escena paradigmática; El personaje central Francisco, esta acompañando a sus invitados hacia la mesa de la cena en el sarao que ha organizado ex profeso para seducir y/o apropiarse vilmente de la mujer que lo obsesiona. Pero un ruido misterioso, detrás de una cortina le llama poderosamente la atención y lo altera. Desvía su camino. El origen del sonido esta detrás de una puerta secundaria, la abre y encuentra a su mayordomo levantando polvo en un despiole de trastos, sillas y alfombras.

 

 

 

Francisco no entiende lo que pasa y su sirviente da una explicación cualquiera: el ridículo y el absurdo son la escena, un detalle apenas ha pasado a ser la totalidad del plano y la sorpresa nos gana por completo. Puede que el inconsciente haya dirigido todo hacia ahí, o puede que las cosas sean simplemente así. Entonces la forma del mundo burgués se deshace frente a la contingencia inesperada, el fino cristal del engaño se pulveriza y la solvente nada se manifiesta.

Parafraseando a A. Artaud: "La música es sonido
No de un sonido musical
Si no de un sonido de música liquida"(...)*

Es que escuchamos atravesados por un espejo, caminando hacia una ventana que se corre de la pared siempre hacia aquí. No necesitamos ni los ojos ni el cuerpo ni la narración ni los objetos ni el conocimiento.

Solo es un rato de silencio, en LA MAYOR.

Apostilla:

Hay casi siempre rastros de un espacio, de un horizonte pampeano que es Uno con el silencio; silencio y horizonte, lo más próximo y los más lejano. Podemos hablar de un paisaje y un instante de la improvisación, de una zona oscura horizontal, donde los músculos por estar y simplemente estar ahí, extraen verticalmente, como el rayo, un ruido; y ese cruce de sonidos nos deja en alguna parte, enciende un resplandor en un territorio inmenso plagado de repeticiones, similitudes y signos de lo auto-reflejo. Discurso en paralelo, no hay camino, uno lo hace y se acompaña con el otro porque sí.

Los objetos aparecen como una atenuación del silencio*.

El presente se siente "ancho"*.

Luis Conde
Buenos Aires, julio de 2004.